¿Cuando llegarán los ángeles?
¡Sal inmundo demonio de mí!
Limpia las memorias,
limpia las barracas;
presas las olvidadas luces
que de tenue confunden
y me hacen lamentar estar vivo.
Gota a gota vierte el placer,
oscuro placer de los perdidos.
En el tablero de los difuntos,
muestra de errores humanos.
Más que un paseo al infierno,
visita a las fauces de su perdición.
Expulso los fluidos,
rompo todo letargo,
arrepiento los sorbos del cáliz.
Para que hasta la muerte me ignore;
Para que al levitar entienda su misión.
Dándole la razón al tiempo
que me empuja como un amigo,
que desprende cabos limpios;
ángeles auxilian como antorcha;
Flores de mi corona infructuosa,
filia omnipotente del altísimo,
víctimas de mis inconclusa verdad,
otorgan las razones a respirar
aunque alguna sea causa de suicido.
Retardando lo parafernálico;
Miedo de todo hombre justo.
Valor de los cuervos alegres,
dueños de días y noches hemofílicas,
vetustos carroñeros de almas
¡Salgan de mí! Surquen a sus antros
para así, enorgullecerme de vivir.
¿Cuándo llegaran los ángeles?
La universal felicidad de estar aquí;
que entre recaídas y diversidad hipócrita,
venga a romper el sello apocalíptico,
tolere la maldición de amarme,
me condene a ver el génesis en sus ojos;
pase su mano por mi dolor;
Por mis complejos;
Y en mi enfermedad cure,
con el manantial de sus besos.
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