Cuando La Medicina Tiene Alma.
Te veo,
y en tus ojos aún nacen sueños
que tejen esperanza;
en tu alma noble se libran batallas
que nunca necesitan hacerse visibles.
Mirarte caminar
es comprender que, aunque los años sean pocos,
ya habita en ti la certeza
de sembrar en la vida de otros
Eres casa, dulzura, juego,
una mezcla sincera de amor incondicional.
Cada niño es un universo distinto,
pero tu corazón no reconoce fronteras:
ves en cada paciente
mucho más de lo que los ojos alcanzan.
Te he visto hacer propias causas ajenas,
entregarte sin reservas,
buscar la sonrisa incluso
cuando el dolor intenta imponerse.
En tu rostro apacible
nunca habita la rabia;
aun en los días en que el alma llora,
llevas la sonrisa puesta,
aunque por dentro duela.
Aceptaste la profesión
y con ella la convicción profunda
de que la medicina es más que una visita:
es esperanza,
oídos atentos que escuchan,
presencia firme cuando la vida del otro se derrumba.
Eres sencillez,
una forma distinta de mirar el mundo;
sabes que ser médico
va más allá de cualquier diagnóstico.
Vives para servir,
con el propósito silencioso
de que tu nombre se convierta en legado,
uno que los años
jamás puedan borrar.
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