Como las alas de su libertad.
Con su inmensa fantasía y su cara de
ángel bueno, deambulaba desplegando sus
ensueños, por los verdes olivares, por
las sendas, por los prados…, por los blondos
y vistosos jaramagos, por las flores del
almendro, de la hiniesta y del granado.
Sus ojos eran grandes mariposas de
cristal muy negro, su pelo, pámpanos
de luz y de azabache, su sonrisa, una
el tallo de su cuerpo más recto que los
juncos y las cañas que crecen en el río…
Tenía el alma repleta de caricias
que volaban con las alas de sus sueños
dibujando paraísos en su mente…,
y guirnaldas de múltiples colores que
cogía de las flores de los campos y
del brillo de las aguas de la fuente.
¡Cuánta vida derramaba... Cuánto fuego
en su interior ardía... Cuánta inocencia...
Cuánta ilusión... Cuánta esperanza..!
¡Cuánta luz fluía desde el fondo de su alma,
alumbrando las tristezas y congojas
de la gente…!
Ni el tiempo ni las noches existían por
entonces. Las luces y las horas eran
infinitas: como las alas de su libertad;
como sus ganas de vivir y de soñar,
vagando por los campos preteridos de
su amada Andalucía…
Y ahora, cuando el otoño llega hasta su
piel, y su vida se apaga lentamente,
como el rescoldo de una hoguera extinta,
se pregunta, mirando a las estrellas,
por dónde volarán sus sueños, por dónde
su candor y su alegría... por dónde las
alas que le hicieron volar hasta donde
el sol le alumbra todavía
Autor Francisco López Delgado.
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