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La primera vez
apestaba a odio e inocencia,
todo es mierda,me decía,
todo es escoria,
todo es pena,
todo es dolor,
todo es desechable...
Hará unos siete u ocho años ya,
la exactitud se me escapa
en varios milenios.
Supongo que vomité sobre el mundo,
que destripé a ese Dios tan vuestro,
que lloré males
sobre unas rimas insulsas y lastimeras
con el sentido de un abrigo
en la superficie del sol...
¿Qué impulsa a un hombre a hacer algo
que desconoce por completo?
¿Qué impulsa a un niño
a hacer algo que desconoce
y de lo que no ha tenido
ninguna noción?
Siempre me he respondido
que se trataba solo
de impotencia y rabia,
aunque tal vez,
y solo tal vez,
también jugase un papel importante
la búsqueda de un poco
de esperanza...
Acababa de pasar por mi,
no sé,
¿décima mudanza?
y tras el segundo divorcio de mi padre
los cimientos de mi vida
cayeron como un pájaro tiroteado,
o eso me parecía...
Pasaba gran parte del día trabajando,
horas de esclavo,
y el resto de las horas
las pasaba fumando hachís
o hierba,
a mi mente destrozada
le gustaba pasar
el mayor tiempo posible
aislado del resto de mentes
y ese humo espeso
parecía formar
su propio universo
donde yo era el único protagonista
de un drama absurdo
apto para saciar el hambre
de cualquier alma
obesa de penas.
Los fines de semana
los pasaba bebiendo,
camuflando mi miseria
entre las miserias ajenas,
era el modo más divertido,
a veces aún lo es...
Entre tanto
seguía acumulando mi bilis
en hojas en blanco,
una tras otra,
sin propósito alguno,
dándole alas a todo aquello
que no era capaz de decir
y así trascurrieron varios años,
sin capacidad de cambio,
sin capacidad de crecimiento,
sin capacidad alguna
de sentirme vivo...
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