Sepultada
Me dijiste
que espere bajo tierra,
porque de ahí germinan
las flores más bellas.
Me hundí,
esperando tu regreso
y un dulce beso.
Porque así
es el amor verdadero.
y sufrimiento.
Acostada,
espero paciente,
con ratas en mis ropas
y larvas en mis dientes.
Sé que vendrás,
por eso soporto con ilusión.
Me vuelvo amiga de la oscuridad
Y aguanto la respiración.
.
.
.
.
Huesos expuestos
y fibras de carne.
Un manto de insectos
cubren este rostro
de pésimo semblante.
Ya no hay venas
para que la sangre circule.
Soledad y pena,
siento algo más fuerte.
¿Cómo te describo,
sin partes del cuerpo,
la rabia que hacia a tí siento?
No hay lágrimas para derramar
con las cuencas secas.
Ni siquiera flores
te has dignado a dejar.
Estoy cansada
de la oscuridad
y de la frialdad.
Tráquea destruida,
cuerdas vocales flojas.
Grito,
y grito,
¡y grito!
Y no sé cómo
pero fuerzas saco,
y me muevo,
y el polvo levanto.
Me muevo,
me muevo,
me retuerzo.
Y los bichos se espantan
y ya no hay silencio,
me abraza el sonido seco
de madera contra mis huesos.
Golpeo el ataúd
una,
y otra,
y otra,
!y otra vez!
¡Y grito,
y empujo
y araño!
Incrusto las uñas
y peleo a oscuras.
Y quizás me demore,
y los dedos me quiebre.
Y quizás no soy tan fuerte
pero no puedo aceptar mi muerte.
Porque no es justo,
que yo deba marchitarme
y tú ahí,
con toda la vida por delante.
La madera está húmeda
y los clavos flojos.
Solo espera,
ya queda poco.
Prometo
nuestro reencuentro.
Y de tus más horrendas pesadillas,
yo seré ahora la protagonista.
Pero primero,
quiero sentir la luz del sol.
Así cuando me veas,
ya no seré tu bella flor.
Seré
la raíz de tu terror.
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