Renacimiento amarillo
Me acerqué a la luna llena para casi comerla,
pero las cumbias no me dejaban pensar en su sabor.
Acabé desparramada en el pasto de su suelo amarillo,
con la panza vacía y la mente loca
por esconderme en sus ojos salados como el mar.
Entonces decidí inhalarla y dejar
que sus moléculas lunares me alimentaran el alma
derrotada por esa pérdida de amor que me comía
desde que ella tomó su camino hacia el sol.
P
me trajo de regreso a la realidad.
El dolor fue indigerible,
espantoso y crudo.
Creí que no había dolor igual,
pero supe que me equivocaba cuando vi mi realidad,
esa realidad a la que el cactus me devolvió,
en la que yo era una simple humana.
Una humana que la extrañaba y la pensaba,
y la veía todas las noches,
pero siempre como si fuera la primera vez.
Así de resplandeciente, así de alegre, así de perfecta.
Ella me lo advirtió,
alejarme de ella, siempre lo decía.
Jamás la entendí, hasta que ese día lo supe sin mas,
no pertenecía a mi insípido lugar.
¡Pero que demonios!
¿Quién se enamora de un ser celeste?
¿De una forma de universo redonda?
Los círculos son infinitos,
estoy condenada a adorarla por el resto de mis días.
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