PROMESA DIVINA Y MEDICINA EXPERIMENTAL PARA LA SALVACIÓN
PROMESA DIVINA Y MEDICINA EXPERIMENTAL PARA LA SALVACIÓN
(En agradecimiento a la distinguida psicóloga y poetisa Noelia Candado por su curativa obra PROMESA)
La espera por este niño fue la esperanza de la redención de la carne, porque de almas solamente duda y temor a las sombras nocturnas entre gallos y medianoche. Así tras largos minutos de aguardar su nacimiento, con esa fe religiosa que aún se mantiene en los Andes, la noche se vio en un contrapunto de festivas bombardas aéreas contra la espantosa estridencia de rayos y truenos. Los visitantes llenaron la casa y las viandas para todos no se hicieron esperar en la más extraña cena nocturna de la ciudad.
Los entusiasmados abuelos se felicitaban de tener un varoncito, el primer nieto que modificaba la foto familiar de femenina predominancia, donde destacaba el patriarca en medio de todos, porque su padre del neonato se hallaba de servicio en Europa con su hermano mayor. Poco después debido a la profesión de su madre, el lindo bebé se quedaba con sus abuelos. No hubo, a pesar de eso, ningún problema alimentario porque este niño no conoció el sabor lácteo materno ni de otra humana. Así, una fecha estando su madre ausente por una quincena, ciertas circunstancias le hicieron daño al raro bebé. Y los abuelos consultaron a especialistas que no sabían qué hacer. Al enterarse su mamá, de inmediato regresó a casa, pero el mal ya muy avanzado. Fue cuando de inmediato avisó a su papá que se hallaba con su hermano en el extranjero. Su excelencia buscó a su asistente médico, quién informó de hallarse en Perú un extraordinario médico que desde Argentina, recibió la cátedra del mejor discípulo del médico nazi Josef Mengele, el Ángel de la Muerte de Auschwitz. Inmediatamente sin más discusión se buscó al especialista y dieron con su clínica en el Perú.
―Quiero tener el permiso de los padres, porque este bebé está en situación muy peligrosa, y no está permitido lo que debemos hacer.
―Habiendo aceptado sus padres del bebé de apenas unos meses, el médico jefe y enfermeras se trasladaron llevando al menor a un laboratorio en el bosque. Ya el niño se hallaba amoratado y casi sin signos de recuperarse.
―Los familiares más fuertes que hagan guardia porque necesitaremos mucha sangre―dijo el doctor.
De pronto el patriarca pudo conversar con la enfermera jefa, quién encargó.
―Muy difícil caso, demasiada demora, y la sangre de ustedes no le sirve, por si acaso prepárense para la defunción. Y busquen un cura, ¡a bautizarle! El Dr. dice hay que utilizar todo lo posible, sea de Dios o del diablo, pero hay que salvarle.
―Siendo un domingo, mientras a lo lejos repicaban las campanas con esos lánguidos tonos casi fúnebres que se mezclaban con el neblinoso y lúgubre paisaje de pinos y abetos, se bautizó al bebé en el laboratorio, confiados todos de que el viejo clérigo se callaría y llevaría lo que vio allí, de frente al cielo. Afuera del recinto, solamente llanto y miedo. El mismo médico había entregado su sangre para el experimento. Toda esa noche se pasó en una de las vigilias más extrañas, entre oraciones cristianas, cánticos, conjuros e invocaciones a seres desconocidos que solamente pronunciaba el tratante con el bebé en sus brazos. Poco a poco fue amaneciendo y de pronto un sonido erizó cabellos y pieles
―Agggghhhuuuuúúú―algo tan espantoso, que todos se persignaron, porque sintieron el último aullido de moribundo lobito.
―¡Al reanimador! Dijo el Dr,, ¡su corazón!
Pero, no resultaba, y se enfriaba ya el niño lindo. Pasaron minutos y las enfermeras lo colocaron ya exánime en una mesa quirúrgica de una sala, bien abrigado con la calefacción a más temperatura. Parecía inútil haber llorado, inclusive haberle bautizado siguiendo la costumbre del santoral, entonces la madre del que ya el cura creyó feligrés del cementerio y de su dios; se recordó del raro nombre que figuraba en varios calendarios de diferentes editoras, pero que no pertenecía a ningún santo, y en su desesperación oró al Dios que no se ha había hecho notar por ningún humano y, se prometió cambiar el otro nombre puesto en el registro civil. No pasaron ni minutos, cuando en pleno velorio:
― Agú, agú, agú ― voces de un sonriente bebé más en el mundo de los vivos.
Y sí, en medio de todo, una divina promesa para la verdadera salvación del ser humano en su vivo esplendor.
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ESTA OBRA DE SENTIDO AUTOBIOGRÁFICO LO DEDICO CON CARIÑO SINCERO A QUIENES ME CONOCEN Y ESTIMAN DE VERDAD, DESEANDO FELICES FIESTAS, QUE YA ESTÁN A LAS PUERTAS DE POEMATRIX
13/12/2024
© D. R.
Bella música: SERENADE -TOSELLI
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