Perdona a tu pueblo señor.
Perdona a tu pueblo señor.
¡Oh señor de la misericordia enséñanos a perdonar de espíritu! Cada día llena nuestros corazones de verdadera justicia ante las injusticias, danos el poder de convencimiento ante tanta desobediencia de nuestros propios pasos. Somos pecadores desde la génesis de este mundo, la intranquilidad nos desvanece ante tantos sin sabores de esta perversa humanidad que nos acosa, que nos persigue sin remordimientos. Tu palabra del cristo vivo esta entre nosotros y sigue siendo tu promesa eterna de descanso imperecedero.” Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga. Mateo 11,28-30
Tanta ceguera nos destruye, a veces, o tantas veces se nos olvida en los recuerdos la práctica de tu palabra “amaras a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo12, 29- 31). Estamos llenos de nuestro “yo”, pero de un “yo” egoísta que nos cierra la realidad de amar sin límites a quienes nos aman pero también a quienes no nos aman, que puede sonar inadmisible pero tú que eres el creador de la verdad pura e irreversible jamás te equivocas porque eres perfecto.
Amaras a DIOS por sobre todas las cosas (Marcos 12,30). Este es el más importante de todos los mandamientos, por encima de las riquezas, del pensamiento del hombre, de la hechicería, de la idolatría, está perfectamente decretado que la humanidad si tuerce su rumbo estará de espalda a la voluntad divina, y alejada a grandes leguas de distancia de un corazón vinculado al espíritu salvador del mundo. “Por sus frutos los conoceréis “. (Mateo 15:15,20) Toda obra si viene de un pensamiento angelical lleno de verdades sin inclinaciones que desvíen sus propósitos de beneficiar al que necesite, se visualiza, se ve, porque la realidad es ineludible ante cualquier circunstancia.
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces” (Mateo 7:15)
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