Niña:
La inocencia anduvo las calles,
El roble, hacía las fauces agua, en delirios de acariciar las ramas florecientes,
Con aire altivo ofreció las estrellas y el placer de algún vestido
El sátiro jugaba a las cartas de recadero en el alucinante mundo de la ingenuidad efímera,
Con aire indeciso, el borde de madera, decidió lo que el destino provocante insinuó ante el torbellino del querer y no poder tener el agua germinante de la fuente,
E
Desgajó los pétalos en el apremio de observar al fantasma que proveía ofrendas,
Corrió la savia recién hecha,
El sauce, lloró, más, el roble se enamoró de la simpleza del bosque.
Las putas venden el cuerpo, en la jugada se va el amor que inunda al extraño embeleso.
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