Memento
(«Trance»),
en el pensamiento matinal
relucen quiméricos ecos palpitantes
que recubren con sigilo la mirada reflexiva
de aquella vástaga figura imperativa,
serenidad que llama por su nombre
mientras navegan furtivos encuentros
adheridos a sus fugitivos pasos relucientes
destellados en proféticos recuerdos galvanizantes
F
deseo encontrarte en alqún lugar
que solía ser parte de nosotros,
ese cómplice absurdo de promesas y habladurías
ha reconocido a esas dos almas perdidas
juntadas en un ocaso desterrado
de un eléctrico cielo encelado
Recuerda alma, recuerda,
que por tí he venido,
si aún no lo has comprendido
moriré lentamente con los días primitivos
como omniscientes vestigios fantasmales,
¡Oh luz mortecina
apiádate de mí,
como yo lo haré por tí!,
fugaz crepuscular,
ardid que besas las sombras reencarnadas
de la blasfema noche taciturna
¡Animal, reniegas de tu naturaleza!
porque el mundo termina contigo,
has tomado de la mano
al poeta que descansa meditabundo
desde la tranquilidad de un verso sellado,
manifestando un sortilegio
se vislumbra afanosamente el sueño imperecedero
como una leal andrógina anfitriona elevada,
ocultarás el paradigma
que perdurará por un instante eterno para toda la vida,
Oh memento, oh memento,
¡recuérdamelo cuando llegue el momento!,
¡todo mortal!, ¡todo mortal!
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