Llego a la noche
A veces llego a la noche
sosteniendo en mis espaldas al Universo entero.
A veces lo sostengo en la mirada,
en otras ocasiones lo traigo en cada hueso.
Llego a la noche a escondidas
con el rostro tapado de secretos;
con la manos tan ligeras
que dirán que son de viento,
con los pies tan derruidos
¡es sabio y prudente
dejar marcas para andar por los regresos!
Llego a la noche, sacudiéndome
las moronas que me pega el desconsuelo;
llego aligerado de emociones
y cargado con fardos de silencios:
es necesario callarle a la vida
lo que durante el día son sólo silbos necios.
Así llego a la noche, como un monstruo,
como un humano que ahora es más viejo,
como una aguja del reloj aturdido
que pasa por los mismos vericuetos;
como un presa ágil y perezosa
que apenas sobrevive a tanto yerro.
Llego a la noche, como un recién nacido
buscando en la luna mi consuelo,
esculcando en el fulgor de las estrellas
la nana que espante mis lamentos,
llego a la noche, sucio y olvidado,
afligido, pasivo y tan sereno
que si no fuera porque apenas respiro
a veces pensaría que estoy muerto.
(Imagen: pintura de Gürbüz Doğan Ekşioğlu)
Conoce más del autor de "Llego a la noche"