Las nubes de este cielo no dejan de preguntar por tí
Recientemente le escribí a mi padre estas líneas:
A casi seis meses de que te fuiste, Jefe.
Y aquí estamos, padre, aprendiendo a lidiar con tu ausencia física. Tu partida ha forjado una grieta que se ha instalado muy dentro de nosotros.
El morral está lleno de memoria, también de tus enseñanzas, y ahí hemos de encontrar un antídoto para la incertidumbre y algún hilo para suturar nuestra herida.
Aquí, las nubes de este cielo, no dejan de preguntar por ti. En sus formas caprichosas intentan darte forma, pero no les alcanza.
Y en la delgada membrana del recuerdo, intentamos no romper contacto con tus alas. Desde siempre hemos sido aves que, tarde o temprano, emprenden vuelo para reinventarse en el viento.
H
por todas partes. No te olvidamos.
Si el cielo existe y ahora es tu morada,
teje con tu altura un puente. Nosotros, desde esta orilla, seguiremos levantando columnas con la sabiduría que nos diste.
Conoce más del autor de "Las nubes de este cielo no dejan de preguntar por tí "