La realidad
Entonces me di cuenta, al fin entendí,
que el amor, como un velo, nos hace ciegos aquí. No es el cuento dorado que todos te cuentan, ni la ilusión perfecta que el alma alimenta. Es una sombra que oculta las grietas del ser, y aunque veas los fallos, decides no ver. Te mientes a ti mismo, te justificas, te callas, mientras el corazón se desangra en batallas. Porque el amor no es solo ternura y candor, es una ceguedad que enmascara el dolor. Te arrastra sin prisa, te envuelve en su manto, y en su nombre olvidas lo que es cierto y lo santo. Las imperfecciones del otro son un espejismo, te resistes a verlas, prefieres el abismo. Y aunque te duele, sigues, sigues sin parar, con la esperanza ciega de poderlo arreglar.
El amor no siempre es rosa, no siempre es bello, a veces es sombra, a veces es desvelo. Y aunque lo creas todo, lo sientas en tu pecho, en su nombre te hieres, te quedas sin derecho.
Es entonces cuando entiendes, cuando lo ves al fin: el amor no siempre es dulce, a veces es ruin. Pero es que en su ceguera, te enseñan a callar, y en su abrazo errante, aprendes a olvidar.
A.L
12/20/24
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