La Poesía
Lenguaje sublime de dioses la poesía; excelso momento de iluminación para exaltar lo bello, lo mágico, lo lóbrego, lo oscuro. Raro e inexplicable trance en qué el poeta se torna intérprete y vocero de una realidad que a todos disloca o estructura, zahiere o fortalece, ofende, enorgullece, alegra o entristece.
Es dolor, tristeza y soledad infinitos; amargo registro de fracasos. Reseña impertinente de infortunios; amor y odio reflejados en humano perenne contubernio, cuanto más largo, más sufrido y más marcado, más real, más doloroso, más humano.
La poesía nos sacude y estremece, nos retira la venda de los ojos, nos enfrenta directa, sin ambages a la verdad siempre de frente: el amor y el dolor del penitente.
El desamor, el no querer despertar del sueño ilusionado, el inefable empeño de negar la oscuridad y amargura del rechazo sin admitir que todo nos conduce al caos, la destrucción y hacia el fracaso, nos impulsa inexorable a la incertidumbre que es la vida, por la senda del odio a la poesía.
Como si obviar lo malo y deleznable de esta vida, nos fuese luz brillante que todo lo matiza y embellece, droga perfecta que al sopor induce, haciendo nuestro terreno tránsito tan breve, más feliz, más afable, duradero: vana ilusión, denegación, engaño...
A
¡Benditos los poetas y la poesía!
Conoce más del autor de "La Poesía"