Geografía de un desamor
Alzo esta copa, no al olvido, sino al fin.
Celebro mi fracaso con champán y sin quejas, porque perdiendo gané el dulce despecho de tu apellido.
Y de repente, el ancla que arrastré durante inviernos se soltó sin ruido, y el mar se hizo de seda,
pues me demostraste que mi corazón de palo puede latir y bombear sentimientos, que puede brindar ternura.
Mis manos férreas nunca lograron despegar los cohetes de tus lunares, y mis labios se menguaron en tu sombra.
Declaro alegremente que he perdido, que mis murallas se cayeron con tu sonrisa, que mi melancolía ahora suspira con ganas.
Declaro que mi corazón no estaba roto, solo se encontraba perdido detrás de tus pasos.
Hoy, tu adiós no es un fin, es una maldición, tallada en la cruel geografía del mapa.
Se va contigo el sol, dejando solo la sombra y el amargo sabor del tiempo que se escapa.
¡Maldito el destino y su mano tirana!
Te vas. Y el sentimiento, puro y sin medida, no puede cruzar mares, ni romper fronteras.
Solo me queda el puerto, la brisa melancólica, y maldecir las millas que te llevan a otras eras.
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