Fruto final
Y en esa mirada que me alimenta
que me ilumina
encuentro en su ínfimo núcleo
una rosa de llamas, roja;
que dulce
me aprisiona en su magnífica realidad...
Me hace vivir de la nada,
del viento, del acto intenso del día y la noche...
D
de ese choque...
Rompiendo las cuñas,
los muros,
las cercas,
los límites de un obsoleto escenario,
de una vacía ilusión, deslucida,
opaca, ya sin rumbo...
En un alarde el creador,
nos da pastillas para elegir,
como si la democracia existiera,
y la libertad fuera barata...
Y en esa utopía reflejada en un vidrio roto,
nos chocaremos mil veces:
En nuestra ceguera sicodélica,
en nuestra sordera frígida,
en nuestro mutismo infiel...
Y esa rosa será lo único real,
entre el puente y el funeral...
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