El verdor resucita
Que la luz cubra hoy mi velo
despojándolo de toda protección,
porque el mundo anhela respirar
la quietud del cielo en expansión.
Y entregada halle mi corazón
el gozo desnudo del sol.
Castillo de naipes sostenido
por velas invisibles,
pero certeras como destino.
C
no olvides los naufragios
que se hundieron en la tierra,
pues con ellos vestiste la estepa.
Fe ciega estalla en mi mente,
avivando la fragua en la trastienda.
El lodo se friega,
y el loto despierta.
Amabilidad trasciende mi carne
como la risa tonta
de quien flota sin saberlo.
Merced apuntalada en la frente
para que el galgo huela su perfume
y corra libre,
sin pisar las flores nacientes.
Acurrucaos a la vera del destino,
que viene a toda vela,
sin freno, sin aviso.
Paciente gitana alada,
tú que conoces el alba,
acaricia mi alma
con tu brina nacida de esperanza.
Gracias al aguacero,
el resplandor llega despacio,
marcando la senda del amor viviente.
Y al espanto,
al esparto congelado,
le brota savia de adentro.
Levita, confía,
pues la espera valió la pena,
aunque arrugó la seda.
Late el corazón,
feliz de volver a sentirse vivo,
de compartir su movimiento,
de saber que la alegría
brota otra vez
como fuente renovada.
Cuántos años de sequía…
y ahora el verdor resucita
28/05/2025
©Dikia
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