EL REGALO INESPERADO
EL REGALO INESPERADO
(El único camino a seguir es de santidad)
Era 19 de Diciembre por la mañana cuando al revisar el buzón de correos físicos el joven estudiante halló entre algunos libros pedidos, un par de sobres cerrados, cada uno con nombre del destinatario.
—¡Oh, también para mí! —exclamó el nuevo habitante de Haus Sancta María am Burgfrieden.
De inmediato, para evitar humedecer lo recogido subió al estudio y colocó en su escritorio del familiar su correspondencia y enseguida se puso a leer la suya.
—Qué preciosa invitación al Concierto Navideño, ¡y en la catedral regional!, un momento, aquí pide “presentación formal oscura de etiqueta”.
En esos precisos instantes, ingresaron su excelencia con el piloto.
—¿Alguna novedad? —preguntó el mayor de los tres.
Y el estudiante informó los pormenores de su invitación.
—Recién tienes un mes aquí, comenzando tu posgrado en marzo, y dirigiéndose al
conductor le ordenó encargarse del caso.
Así que, luego del almuerzo, el becario y el chofer salieron hacia una metrópoli para buscar el terno. Mientras viajaban, para el recién llegado cuya vista curiosa no había gozado de los pintorescos paisajes nevados, más se ocupaba en disfrutar de tan hermosas perspectivas proyectándose hacia el esplendoroso bosque palatino, mientras cruzaba el coche en medio de extensos viñedos, para ver a lo lejos de rato en rato los fantásticos centros industriales germánicos. Sin embargo, habiendo llegado a las muy surtidas tiendas de vestidos, no se pudo hallar lo adecuado a un gusto muy particular.
—¿Y si lo hace un sastre, o de alquiler? —preguntó su acompañante del chofer.
—Sastres de otra época, y….¡alquilar!, si hubiese llegado eso a oídos de los viejitos de casa, seguro se desmayaban, jajaja —respondió Johannes.
El retorno a casa fue ofreciendo paisajísticas tonalidades plateadas, mostrando en toda su belleza a la reina nocturna germánica que desde lo alto contemplaba la nueva aventura de su escogido.
—Lo siento mucho, tal gala no contará con mi presencia —dijo el estudiante a su excelencia.
—¿No confías en Dios ni en San Nicolás?, debes saber que yo siendo mayor puse el 5 de diciembre en una bota mi agradecimiento por haberse cumplido mi pedido, mira está colgado junto a la chimenea—respondió el dueño de la residencia.
Y dicho y hecho, cerca de la chimenea, en la bonita bota un sobre:
—“Gracias San Nicolás por haber enviado a mi compañía.”
El estudiante ante lo visto se quedó pensativo, imaginado hasta lo imposible.
El 24 de diciembre amaneció nevando y con -5°C. Por la noche, el becario revisó los focos de su pino natural a un costado del patio y se dio cuenta de que tenía dos botas colgadas en sus ramas, pero no hizo caso a esos detalles. A la hora de cenar, por el ventanal se puso a contemplar al gran castaño monumento natural nacional y las titilantes lucecitas navideñas que más abajo definían su ánimo festivo. Al rato, su excelencia llegó avisando de haber compartido con el párroco después de la misa y se fue a su recámara. Todo parecía decirle al estudiante lo triste que lo pasaría el 25, porque estando distante el lugar del concierto de Navidad, se quedaría solo en casa encerrado y penando. Así que no tuvo interés en ver ni los noticieros ni film alguno y se fue a dormir también. Ya estando en su dormitorio, puso seguro a su puerta debido a que la primera noche que pasó allí, a eso de las 2 de madrugada debido a los cantos de dos búhos en su ventana y al girar hacia la puesta pudo notar que una forma femenina le contemplaba entre penumbras de la puerta entreabierta, de un salto salió en esa ocasión para descubrirla, pero afuera ni rastros. Estando con esos recuerdos, el sueño fue tomando lugar en su mente.
Ya estando amaneciendo, unos sonidillos cling, clig, cling, le despertaron. Era 5 de la mañana y su excelencia había puesto alarma para levantarse temprano, fue cuando el estudiante encendió los focos de su habitación y, ¡oh, sorpresa de las sorpresas!, ¡oh, milagro de los milagros! En un ganchito que sobresalía en el exterior del closet, ¡Un precioso y fino terno del ansiado color en su colgador y listo para usar! Y sin mediar más explicaciones, el joven académico también se alistó para la fiesta de tradición.
—¿Y eso? —preguntó el Sr. obispo.
—Su excelencia lo dijo, Dios y San Nicolás, fue la respuesta.
Luego de largo trayecto, ya en la catedral, el sacerdote fue a encontrare con los suyos, ubicándose el estudiante entre los fieles creyentes, pero no, ahí o era su lugar, en instantes una encargada de la organización le llevó hasta el ala izquierda de la catedral gótica diseñada en cruz, en el transepto juntamente con los representantes de las órdenes monacales. No se tardó en empezar la fastuosa cita con el ingreso de la jerarquía eclesial con purpurados y obispos, cerrando la celebración con la bendición y bellísimo canto "Stille Nacht, heilige Nacht".
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23/12/2024
© D. R.
Bella música tradicional; "Stille Nacht, heilige Nacht". Con órgano de tubos y coros de catedral gótica en Alemania.
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