El paradero de un etcétera
El último de la fila en su extensión impune:
aquél etcétera forjado en su neutral hierro
con sierra plana cortando el acantilado libre:
en el aire se convoca su aliado paradero.
Presentado como un escaparate invisible:
Su cola inédita perpendicular a lo que no se dice
su voluntad de evocar en su índole de escudero
descabella la sustracción central de un texto entero.
T
que encripta la carcasa de un largo etcétera,
que absuelve los detalles que no se necesitan
y despliega la brigada inmediata de grandes ideas.
En la laguna profiláctica de un dedal
en la quimera sesgada de un cuentagotas,
flor de muérdago constipada en un rosal
decapita la obviedad del saber de tantas cosas.
Subliminal esperpento en el radio de su faz,
en la consternada friega del húmedo aliento,
flotan las termitas del etcétera sagaz,
ubicadas en el múerdago de tus labios muertos.
Diluvio de sospechas, búsquedas sin techo
prometió así el conserje del tiempo:
una brecha, un peldaño, un equinoccio:
sólo en tí habitará acurrucado en tu lecho.
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