Cargando el Amor
En el rincón de los sacrificios,
donde los sueños se doblan como alas cansadas,
ella sostiene el mundo en sus hombros.
La hermana mayor, tejedora de promesas,
renuncia a sus propios anhelos,
como un árbol que da sombra, pero nunca florece.
La hermana menor, como un pajarillo
que aún no ha aprendido a volar,
sus ojos llenos de admiración y confianza.
Ella trabaja en silencio,
tejiendo redes de seguridad,
comprando zapatos que no son para ella,
leyendo cuentos de buenas noches
que no la llevan a mundos lejanos.
Los días pasan como hojas en el viento,
y la hermana mayor se pregunta
si algún día podrá desplegar sus alas,
si algún día podrá seguir sus propios sueños.
Pero cuando ve la sonrisa de la pequeña,
cuando escucha su risa como campanas,
sabe que su sacrificio no es en vano.
Es un amor que no necesita palabras.
Así, en el rincón de los corazones,
la hermana mayor carga el peso
de dos destinos entrelazados.
Y aunque sus sueños sean silenciosos,
su amor resuena como un eco eterno.
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