¡Bendito el Hombre Esforzado!

El manto oscuro cae y envuelve, una pizca del globo, el gran monumento, ese que por manos Divinas fue Forjado.
Toga que cubre mi terruño, donde enervado reposa el hombre; sudado, agitado, por la jornada más que ha cumplido.
Por el pan aquel, sustento de varias bocas que ha conseguido, por el gemir de los bueyes y por los granos esparcidos.
Ese Roble de carne y huesos que sin muchas fuerzas contempla el sueño, espera el día nuevo, se alista para tomar sus fierros.
Sagrada la Palabra que lo renueva, lo eleva, lo ayuda pues Bendito el hombre que trabaja y dichoso el que por su fruto coma.
A
El manto oscuro llega ahora, después del ardiente sol que fustigó sus espaldas, viene para enfriar la tierra labrada, por el varón acariciada.
¡Una pizca del Globo por manos Divinas Forjado!
¡Bendito el Hombre Esforzado!

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