Al encuentro con Tánatos
Al encuentro con Tánatos
“dichosos los pobres que pueden amar”
Jaques Lacan
En la insoportable melancolía
Dormía en sueños quien nada posee
Esperando el encuentro
Con el vacío.
S
Y que en la ausencia de lo amado
Desterrado de toda posibilidad
Tú, Tánatos sería la única salvación
Y veo que tras años de esperarte
Al fin llegas, disfrazado, bailando
Feliz asistirás a la fiesta del horror del Olimpo.
Haciendo travesuras de niño… sonriendo y jugando con flechas
Logras entretener mi siniestra existencia.
Llegas al fin, donde me arropa la decadencia
Donde mi conciencia no deja de amar el amor que se nos otorga en ausencia
Y de derramar las lagrimas por los románticos deseo de permanecer por siempre a su lado.
Te veo Tánatos, bailar por el cielo
No creí vuestras historias
De modificador de conductas
Causa de odios
Y suicidios de lo imposible
Al encuentro con Tánatos
Eros revelo su rostro
Un disfraz que engaña
Y es que Tánatos, a veces toma tu apariencia.
Eros
Siéntate
Deja de brincar
Que has de enfadar a Némesis, quien siempre me ha sido esquiva
Que le aras recordar a la inquieta Aleto
Ven, y cuéntame de tus últimas fechorías
Plasmaste en las noches mil poemas en plumas de poetas
O cuando enciendes las camas de los amantes
O de aquellos que extraviaste sus amores en cariños de engaños
Te ríes de mi
Porque eres un niño que no quiere crecer
Y me tientas cada vez más a la des-educación de los instintos
Cuéntame Eros
Los relatos de cuando secaste los llantos de corazones rotos
O cuando en pocos minutos asaltaste el parlamento del odio
Y volviste locos los pensamientos de los doctos
Hay Eros, ese disfraz te es apropiado para visitarme
Porque también me has destruido como tantos imperios
Y has revivido muertos tras la caricia de una musa
En torno a ti se han entonado los más bellos cantos
En todas las lenguas y culturas se te rinde homenaje
Habitando así, mares, montes y cielos, también los bajos mundos
Ven Eros,
Siéntate,
Deja de volar sobre mi cabeza
Y de lanzar flechas como signos de un camino hacia el cual me diriges
Esperemos juntos
A que Tánatos y Hipnos
Lleguen por fin a nuestro encuentro
Para que su velo se tienda sobre mi cuerpo
Y me obsequien el dormir para siempre en los brazos de su madre.
Andrés Mejía
Medellín
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