Al borde del barranco
Tranquila,
al borde del barranco
me dispuse a pensar.
El fresco aire, y el enrojecido atardecer,
me hicieron ver,
la melancolía.
Mientras los vientos de mayo
acariciaban mi cara,
sacudieron mi mente.
Palabras bonitas,
ahora para siempre perdidas,
en el olvido, para ti, infinito,
en el recuerdo, para mí, eterno.
Quizás ese recuerdo es bonito,
ese recuerdo de lo que fue o hubiera sido,
un tú y yo con sentido.
Mientras el cuelo enrojecido
me alumbraba la cara,
me acordé de ti,
y de cada mirada.
De cada mirada,
incendiaria, de esas que matan,
perfectamente planeada.
O de esas,
que cruzábamos,
al vernos.
Y pensar que,
los días que tuvimos,
ya se han ido.
Ya ninguna palabra puede salvar esto,
ni siquiera que estés aquí conmigo,
riendo hasta el infinito,
cómo aquella promesa que un día nos prometimos.
Y los recuerdos me vienen a la mente,
cómo balas trayendo consigo la muerte.
Tranquila,
al borde del barranco
me dispuse a pensar.
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