Yo maté a la golondrina.
¡Fui yo, fui yo!, ¡Ay mamacita!.
Cayó, la arranqué del cielo,
desilachando su vuelo
y esa su canción bendita.
Dijo usted, madre querida:
que es de todas predilecta,
el ave de Dios perfecta;
y hoy, por mí, de muerte herida.
�
Negra y blanca, noche y día,
primaveras y alegría
para siempre despeñada.
¡Ay! flor del jardín del cielo,
por Tatica Dios amada.
Esta mano ensangrentada
morirá sin un consuelo.
¡Fui yo, fui yo!. ¡Ay mamacita!.
Lancé la certera muerte
que rasgó los aires fuerte.
Truncó un trino a voz marchita.
Dijo usted madre querida:
que no existe vuelta de hoja.
Son la pena que acongoja
y la culpa todas mías…
Estos versos breves y sencillos, pero llenos de sentimiento los dedico a mi madre, pues nacen de una de sus historias de infancia con las que siempre me entretuvo y lo sigue haciendo. Por esa inspiración y en mucho de lo que hago en mi vida, pienso coma suya la autoría. Un abrazo.
Conoce más del autor de "Yo maté a la golondrina."