tras la puerta.
Ábrela no temas deja tu ropa colgada en la vieja silla
aquella que tantas veces sirvió de sostén a nuestros encuentros
tu ropa silenciosa cae de tus manos temblorosas.
La triste vela no es más que un conato de un incendio que fue
mientras tu silueta era dibujada a rojo vivo en las sabanas
qué rebeldes contenían la batalla de nuestros cuerpos cálidos.
Sonríe, no llores, deja que tu corazón desbocado recuerde las cabalgatas mundanas de nuestros espíritus que retozan en lo profundo del recuerdo.
H
entre sarcófagos y momias de los recuerdos amargos.
Deja que la niña que fuiste regrese al principio sin mácula
inocente, sonriente, yo seré el pilluelo que subido a la copa del albor de nuestro encuentro, robe para ti la fruta más dulce más
alta.
Cierra tras de ti la vieja puerta se hace tarde no te demores
las viejas canciones estan sonando de nuevo.
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