TErapia
Te sientes atada, rota, sorda y cansada. Te notas lejos, sin sentido, en el agujero negro del destino. Te toca el viento. Te falta tiempo. Te echo de menos. Te odio un rato sí, un rato un poco menos. Te veo de colores. Te siento. Te palpo, noto esos olores. Te acomodas sin pensarlo. Te veo rojo, negro, como apagado. Te rompo en mil pedazos. Te pego con agua de mayo. Te duele el dedo del escándalo. Te grita. Te grito fuerte. Te toco el cuello. Te llevo. Te recojo. Te espero. Te odio a muerte. Te entrego. Te veo en el espejo. Te noto algún complejo. Te ayudo, o lo intento. Te invito a un café. Te hago un té. Té rojo, té verde, té con agua y té de miel. Te llamo al número prohibido. Te recibo. Te ha gustado el vuelo del lagarto. Te has manchado con el café de hace un rato. Te veo cansado. Te aburres. Te estás apagando. Te sufro noche y día. Te duele la mirada de dedicarle horas cansadas. Te he escuchado tantas veces. Te siento encima, debajo, arriba. Te estoy llamando a ti, siempre dices “ya iba”. Te cansas, yo también me canso. Te estoy siempre esperando. Te dije que no era para tanto. Te miré. Te esquivé. Te veo sentado, a lo lejos, en aquel banco. Te estoy pensando, imaginando. Te estoy escuchando, soñando. Te derramo. Te sobra todo. Te espero abajo. Te llamo dentro de un rato. Te escribo luego. Te espero en la esquina esa del otro día. Te estoy olvidando, sí, ya te estoy olvidando. Te vi cruzar por aquel semáforo.
Te silbé.
Te esperé sentada en la puerta del 5ºB.
Te huí.
Me fui.
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