SECRETOS INCAICOS Y MOMIAS (Primera Parte)

2023 Abr 22

SECRETOS INCAICOS Y MOMIAS (Primera Parte)
(De “RELATOS DE UN MOCHILERO”)
Por ese llamado tentador de aventura varios amigos nos reunimos en un pueblo serrano con las ganas de visitar y conocer las “procesiones de momias” en un apartado lugar cordillerano de los Andes peruanos. Estando completo el grupo, nuestro 4 x 4 haciendo su conocido ruido empezó la travesía en subida. El trayecto iniciado en la mañana duró largas horas sobre las cuestas y pendiente andinas, hasta que llegamos al paradero denominado “la Curva” en el inicio de la noche. Acto seguido fue conseguir hospedaje, completar refrigerio en nuestras mochilas y sobre todo un buen lugar para el coche antes de ir a la iglesia y encontrarnos con el guía Eleuterio. Efectivamente tal cual acordamos, le vimos arrodillado rezando en su lugar favorito ¡frente a una momia! Es impresionante ver en el templo junto a los santos católicos esos cuerpos resecos momificados de personajes incaicos. Estas imágenes provocan durante la noche un aspecto verdaderamente horroroso. Pero, por cuestión práctica de asegurar la participación comunitaria, los sacerdotes de turno han soportado en sus iglesias a esos personajes de ultratumba.
Para mi grupo, fue importante asistir a la prédica, porque así nos enteramos de oraciones que pedían lluvias para la siembra.
―”Significa que los campesinos harán pasear sus momias dentro de dos noches, cerca del rio” ―murmuró Eleuterio en el oído de Jonás, un amigo argentino.
Así, advertidos de una interesante procesión nocturna y esperamos ansiosos su momento. Después de la merienda del sábado nos mezclamos entre la multitud, acompañando a quienes iluminados por antorchas y velas cargaban sus momias tutelares hacia las orillas del rio. Era una procesión con los jefes de barrios delante y las andas en hombros de seleccionados solteros del pueblo, rememorando épocas cuando floreció la organización del incanato.
― ¡Pachamama, Pachamama, mándanos buenas cosechas! ―decían los ruegos.
― ¡Apu del aguacero, riega los campos! ―otros coreaban.
El conjunto de seres reviviendo una vez más la espectral costumbre del culto a la tierra y sus muertos, semejante al equinoccio de junio. Mientras los tambores hacían lo suyo efectuando lúgubre ritmo, a unos cuantos metros de la orilla del rio desfilaban mujeres y hombres, siempre manteniendo correcta su formación hasta tener próximos los cantos de gallos, hora en que los cuerpos huesudos de sus momias debían descansar en lugares celosamente protegidos, y a salvo de los foráneos. Dijeron que, según órdenes de sus ancestros las momias de los ruegos se guardarían en verdadero templo hecho por manos incaicas y no en antros de horror.
Siguiendo la comparsa, mientras refrescaban la caminata con chicha de jora ya fermentada para matar el frío de altura cordillerana, pude conocer a un personaje que ofreció los cohetes festivos y sus transportes para llevar las reliquias funerarias y pobladores hasta el lugar de resguardo por la madrugada.

―Espero que me acompañen hasta la casa de La Huerta ―ofreció el caporal llamado Pascual a Eleuterio.
Aquél lugar por demás extraño y de raras costumbres a mis amigos no les dejó conciliar fácil el sueño, pero logramos dormir un poco. Esa mañana desayunamos al estilo campesino con abundante carnero, pan serrano, miel y queso fresco. Media hora después, uno de los buses de Pascual nos llevó desde tal villa, siguiéndonos a cierta distancia dos camiones que cargaban las momias con destino a otro lugar para guardarlos en un subterráneo según la costumbre. Fueron seis horas de vía sin asfaltar rumbo a la ceja de selva. Después del largo y durísimo viaje llegamos cuando la noche haría menos notorio su traslado de las momias hasta una cueva oculta entre la tupida vegetación selvática. Mi sorprendido grupo no podía salir del asombro contemplando ese proceso macabro. A pesar de todo, ninguno podía quejarse quizás por cierto temor a despertar sospechas de revelar secretos de la comunidad y familia encargada de proteger a sus momias. Cuando ya la luna se hacía notar en lo alto, cambiamos de rumbo hacia una pequeña ciudad, donde nos esperaban con la cena. Puedo asegurar que las chicas que hacían de ayudantes en la cocina, hicieron lo mejor para nosotros, con chicharrones de peces del clima cálido, las más finas papas de colores que se cultivan para casos extraordinarios en selva alta, y otros manjares. Aquella noche, después de la cena, don Pascual nos habló sobre algo.
―Ahora iré a orar, acompañen si desean, pero deben guardar los secretos que observan ―aclaró.
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22/04/2023
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2023 Abr 22

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