Para mis riñones.
A ustedes parejita
De alondras no contemplo
Ni piedad alguna,
Ni compasión del templo.
Porque me gustan todas
Las cosas que mal hacen
y hasta que se deshacen
ustedes hacen odas
de espumas y dolores,
en este poenemazo,
ustedes son un mazo
que da contra mi testa,
y estrellas me hacen fiesta
mirándolas de paso.
Porotos serviciales pero muy demandantes,
¿por qué reclaman tanto para darnos descanso
de sus duros mandatos en la espalda incesantes?
con su protesta abierta en pleno remanso.
Del tubo son penurias encomiables,
Arenilla quemante y presurosa,
De ustedes esos métodos fiables
Convierten en espinas a la rosa.
Y debo de tomar menos «cafeses»,
Para no darle al cuerpo estos reveses,
De doblarme en el medio,
Y ser del tiempo tedio,
De pedir entretiempo y cojudeces
Para no darle abulia al intermedio.
Tampoco he de sorber gaseosa alguna,
¡engendros de satán, acólitos diablescos!
¡ya déjenme gozar entre signos burlescos!
¡oh mísero destino, oh pútrida fortuna!
A ustedes bien les digo,
que me gusta el placer,
Un día de estos maldigo
a lo que hoy debo hacer
y a sus comandos mando
al diablo bien abajo,
o tal vez al carajo,
cual deba parecer,
y me consagro todo en absoluto
al cianuro malsano y al bismuto.
Conoce más del autor de "Para mis riñones."