Luna roja
Una centinela siempre evita ser descubierta por si acaso...
Solía ser evocada como una mujer alejada, de mirada resuelta y andar taciturno.
Famosa por el amor a los gatos y mis amigos demonios, con una apócrifa leyenda familiar y sombrío pasado que a cuestas podía llevar.
Muchos admiran su belleza, siempre llamando la atención, pero su pensamiento apaciguaba los mares embravecidos que la cegaban con desprecio hacia sí misma.
Volaba remotamente con cierto hábito, pero al final quedaba atrapada en la corteza de un viejo flashback.
Ese mundo crepuscular que no la deja mirar
S
Sus relatos son fantásticos, cada pecado, pesadillas y fantasmas.
Se encarnan en la piel como la carga oscura de tales errores que en ocasiones cobraron vida.
Muy romántica, melancólica y misteriosa del mundo.
Un universo sobrenatural, ascética y noble. Explosiva y cruel.
Tonos bajos y altos, envolviendo a todos en su magia, sintiendo aquel hechizo como el de un sapo encantado.
Tal capacidad de resaltar el silencio para que tengan muy pocos el valor de conocerle.
Ella sigue siendo la esencia que produce cambios, cambios que afectarían la identidad de cualquier ser. Ella convierte.
Es consecuencia, no piensa, no declara. Culpable de múltiples sacrilegios, dictados por su imaginación.
Ella no puede morir ya que, por su carácter indestructible se constituye auténtica, vistiéndose con sus propios adornos de costumbres y sensibilidad. Impregnándose rara vez de eso que llaman moralidad.
Actualmente se dice que en la presente versión tal vez haya perdido un poco de su aspecto clásico, retórico, artificioso e intrincado que desconcierta, encumbrándose de máscaras.
Al fin y al cabo, terminó como una dañina y temerosa especie luna roja, enroscándose en su propio veneno.
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