La musa triste


Una musa triste recita entre cenizas de hielo la esencia de la escasez del amor, decandente insolencia de un artista inhumano que mira a su obra cual restos de cementerio; fríos, amargos y llanos.
Provenientes de un sol, una estrella a punto de estallar en llanto e histeria. De noches que la musa admiró, el placer de una cintura en la que el artista giro, sin más nada más.
Con un martillo aplastó la sonrisa de su musa, en el odio constante, en la ignorancia de la plácida esperanza de unos ojos ingenuos que veían en el la esencia vital que alimenta el ser, mientras regocija su alma en las tinieblas de lo inhóspito.
Entre besos de medias y te amos más llenos de odio que amor, la musa triste se derrumbó, dejando tras la última frase, unas lágrimas gordas que por sus mejillas bajaban.

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