La luz de la Historia
Basilio ha cegado a catorce mil búlgaros:
veintiocho mil ojos en el río Estruma
y nadie ve la sangre. ¡Qué ceguera!
Desde esa oscuridad ha de elegir el hombre
como si tuviera derecho, como si pudiera,
y ¡qué poca cosa es el hombre!
o mil millones de hombres en la Historia.
Y seguro que es nimio el breve, humano,
absurdo homicidio al inmutable universo.
Dar el fuego a los humanos, Prometeo,
no parece que merezca la pena.
Ya es bastante el sufrimiento, demasiado,
y demasiados los días que sufriremos;
la esperanza se nutre de esperanza
y de recuerdos que saben agridulce.
No es tiempo de reivindicaciones imposibles
sino de equilibrio en la crisis, de mesura,
radiaciones en la médula del hueso
y manipulación genética, nos dicen.
Estudio los fundamentos de la historia
mientras se oyen disparos,
a resulta de los cuales,
aún mueren estudiantes en las calles
de la hicrática ciudad de Paradiso.
Escucho las detonaciones
pero no me atrevo
a bajar a la calle por si fuera la revolución
y me sorprende la masacre, o se desata
otra guerra civil, tan sangrienta.
Hay una perspectiva diferente desde casa,
a la luz del flexo, de los bellos poemas
y de las corrientes profundas de la Historia,
como si algunas páginas pudieran explicarlo
todo y fuese clarividente la ceguera.
(de "Ordalías del nuevo ciudadano")
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