La ciudad de nuestros amantes corazones
Desde abajo erigimos un gran edificio,
lo levantamos con gotas de amor y esperanza,
lo iluminamos con colores maravillosos
y nos felicitamos por un trabajo bien realizado.
De la nada, las habitaciones se llenaron de conejos
y familias se reunían en el patio trasero.
Las parejas daban vueltas, enamoradas, por el bulevar
y los solitarios encontraron un lugar donde cantar.
Todo parecía normal.
Fuera de nuestra muralla aún persistía la ciudad,
una gris fuerte y nubes deprimidas
que miraban con desdicha a nuestra rica proyección.
No hubo mas remedio que derribar la construcción.
La moraleja es que todos pueden ser felices
tanto y cuanto lo deseen.
Mientras tú y yo seguiremos haciendo construcciones
en la ciudad de nuestros amantes corazones.
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