Introducción

2017 Jun 01
Poema Escrito por
Francissko Estro

No creerás que esas hojas diminutas nos empañan
la visión de la lluvia, pues creo que no aparecen
tan altas si espiamos el borde
de esas columnas que se pegan al rebotar de las palmeras contra la superficie lisa del lago,
y dejan tus dedos el espacio justo
para conocer mejor la perspectiva que debo guardar
en la voz de ellos, los acosados perpetuamente,
si llegaras tú, apretando tus labios, quizás
inutilizada de comienzos.

F

rancesca, otra Francesca, no corras otra vez, es perder
el tiempo en la cordura, mientras recurren
a la pintura otros enamorados a orillas de un puente
a representar, ya que no el sonido,
el beberse su sombra dentro de una botella
solitaria de suspiros, metal hundiéndose,
o dar ocasión de un situarse embarazoso, resbalado
en la punta del iceberg, aunque también se contemplaba
la ironía como una flecha partida en la memoria,
goznes de dioses, gemelos de rubí fugado,
precipitación del dueño de casa.

No me creas, Francesca de Rímini, cuando el corazón
no da su hora adelantada en el lecho y tenemos
que abordar otra bula papal, hasta hacer perdurar
nuestros ojos en la servidumbre del amor, un noviazgo
de viaje... tampoco quitaron el tapiz de la escenografía.
Qué disgusto el de tu padre. Veneno en la salinidad
de los besos que reconstruyeron la inocencia. Otra
vestimenta en que mentir, sin la abultada
almohada en la que gimotear.

Francissko Estro
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2017 Jun 01

Francissko Estro
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