Esperar el tiempo de antes

El viento empezaba a correr ya hacia donde levantaba la mirada,
las tardes de aquellos sábados que iban y venían se iban rápido.
En mi casa, y con el único tesoro de verdad que aún me aguarda,
me empezaba a acostumbrar a aquel dolor, aquel que abrazaba y odio.
Las letras eran mi consuelo al final de cada día y cada madrugada:
encontraba mi hogar allí, escondido entre los que creían que por algún lugar andaba.
Salía de vez en cuando, miraba el cielo y ya no sentía mucho de aquel pasado;
eran memorias que iban y ya no venían, recuerdos que queme en un momento en que nada era claro.
A
pero sí que dolió el ver como cambiaban tan rápido las cosas.
Me prometí no volver a caer ante ningún golpe que me diera la vida;
me prometí levantarme en caso fallara, pues soy humano y como todo, fallece.
Intenté rezar a Dios y pedí que me ayude a ver lo que no podía ver,
me cegaba a mí mismo al no darme cuenta de cómo habían sido antes sus miradas.
El cielo, que creía recaer ante el regazo de sus besos, ya no eran míos nunca más.
No la odio, no puedo hacerlo, pero no puedo hablarle, no sin que pase el tiempo de antes.
Sergio Gómez Deza (:

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