ESFERA DE LUZ
Esparciendo sus incestuosos vapores,
soltando sus vergonzantes humos, pueblan
ruidosos coches las brumosas avenidas
regalándonos su abyecta porquería.
Desde mi solitaria terraza
enciendo los flashes y
alumbro las noches
de este mundo —falto de orden,
ausente de plenitud— que arroja su
Desde turbulentos universos,
desde el centro de ardientes espacios,
gira una esfera de luz, que nunca tuvo edad,
avanzando en silencio hacia mi dormitorio
para despertarme de un balazo,
para extirpar de mis neuronas
este negro futuro y reavivar mis sueños
ahogados en un charco de orina.
Traidoras promesas
escapan del televisor
y se aferran a mis pupilas
gritándome: “¡Eres polvo...!”.
Siempre viví en el asombro,
rodeado de irisadas grasas
que las entrañas lubrican
de una impotente emoción.
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