En las profundidades de la melancolia
Cuando se piensa que todo está perdido, si no sabes si sus palabras son para ti y abrigas la esperanza como locura.
Las compañias dejan de acariciar tu alma y la profunda soledad se cuela sobre el llanto, cuando el pelo se cae y la melancolia aturde no solo la comisura de tus labios sino los gritos de tus vecinos.
Recuerdas los pasillos de las tormentas que se crearon bajo un amor que no es dos veces. Los castillos de arena que se cayeron construyendo el asfalto de los pasos.
El sol aturde cuando no amaneces en el encierro de su espiritú y el tiempo parece congelarse con sus números, ya no importa adonde vaya, él no se borra de mi pensamiento, ni del billete en la basura y no importa la piedra que escogí de ceremonia de pinguinos, tal vez arruinamos lo insostenible y el pie no deja de titilar entre la desesperación, y nadie lo entiende, nadie ve el dolor, nadie sufre el llanto de una loca enamorada de la poesia de esa esencia que nunca parece perdida, y otro atardecer con nuestros cuerpos lejanos y mamá cuida de mi estado de salud.
Parezco empeorar sin risas, cada día más irritable, ni una palabra de un amor mental a lo lejos.
Mi intestino ha pagado los platos rotos del karma, las nubes no espabilan en su correr, ya nada se detiene.
Quiero morir porque ya no te veo y no me ves como antes y quienes somos para juzgar al destino que juró condenarnos a generaciones.
¿cómo volver al principio?
¿cómo evitarnos tanto dolor?
¿ligados a la prueba de fuego que se inventaron otros locos?
¿y si nos ha funcionado el tiempo para sanarnos a nosotros mismos?
Son tantas preguntas que estaríamos condenados a volver al por qué nos amamos sin previo aviso, sin importar que carajo se cruce.
Conoce más del autor de "En las profundidades de la melancolia"