EN EL BANCO VERDE
Estoy volviendo a la vejez,
a recobrar mi alma infantil
perdida.
Vuelvo al parque y... sentado en el banco verde de la esquina,
se me escapa y se me va, amazona montada,
sobre cuerpecillos que brincan,
saltan, juegan y se desmelenan
en alocadas y felices risas...
por sus rampas la deslizan,
siente vértigo en la altura,
empujones que le apartan
en afanes de conquista,
para ser el primero,
primero que se desliza.
Ahora le cambian de juego,
a correr, a correr la obligan,
y a esquivar al pilla, pilla.
Más veces corre detrás,
que corren tras de su pista,
la torpeza de su vista,
no detecta los engaños
que a sus manos ponen, torpes manos que no esquivan.
Cansados ya de correr,
¡ todos a la arena bendita !
para enharinar los cuerpos
sudorosos por las corridas.
Alguno saca una bola,
un " guá " raudo fabrica,
le piden que introduca
la bola, en la breve cavidad,
que hacía poco no existía.
Los guardianes les advierten,
que la noche se aproxima,
hay que cerrar las puertas,
hay que descansar del día.
Al regresar a la casa,
la madre interroga y pregunta:
-¿Tienes hechos los deberes ?
¿ Voy preparando la ducha ?
¿ Qué te gustaría cenar ?-
Lo dice con tanto amor,
lo hace con tal ternura,
que con amor le responde:
-Todo lo tengo ya hecho,
y la lección aprendida,
por si acaso don Miguel,
en la clase me pregunta.-
Bajo la flor de la ducha,
regresa mi alma infantil
que anduvo toda la tarde
con los chiquillos del parque
jugando libre y feliz
cual gaviota marina.
Jugando toda la tarde estuvo,
toda la tarde, perdida...
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