EL POEMA ENTRE LAS PIEDRAS

(CONTINUACIÓN)
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Una vez más, todas las miradas apuntaban cual cañones hacia un único objetivo; pero nadie fue capaz de encontrar una sola prueba contundente, una que pudiese relacionar al inmutable maestro francés con aquel crimen; solo un poema muy bien escrito y un maestro de letras que tenía motivo para alzarse contra el occiso; aunque claro, dicho motivo era solo un rumor, un secreto a voces. Entonces todos apuntaban pero nadie se animaba a disparar.
Lo cierto es que Monsieur Recelieu se movía entre las miras de los cañones con la templanza y la natural gracia francesa. Solo dos personas creían en él; la nueva viuda y amante del acusado y la joven criada; ambas compartían su confianza y sus (casualmente coincidentes) “dulce espera”.
Con el tiempo la tormenta amainó en la señorial casona de Junín; comenzó a acercarse el tiempo en que los esperados niños nacieran; y las rispideces entre la señora de la casa y la empleada habían estado creciendo; aunque una dama inglesa jamás se rebajaría a enfrentarse con la servidumbre; la solución más segura era que la señora terminaría echando a la calle a la joven criada. Una vez más; la solución al conflicto la trajo el abnegado y buen maestro; quién le propuso matrimonio a la señora alegando que no sería bueno que aquel niño que venía, no tuviese una figura paterna en su crecimiento.
La propuesta fue aceptada y el maestro debió aceptar el peso de convertirse en el nuevo señor de la casa, y su primer acto como tal; fue permitirle a la criada quedarse y además, una madre sola como sería aquella mujer, necesitaría algunas monedas más para criar a su hijo; por lo tanto fue ascendida de su puesto de mucama a ama de llaves, una especie de
“segunda señora de la casa”.
Una gigantesca luna de Octubre, ha comenzado a levantarse por detrás de los campos de girasol mientras el sol, aun deja ver un par de rayos rojos en el oeste, una brisa fresca y perfumada mueve las cortinas de la casona donde se han encendido las primeras luces; alguien toca una dulce melodía al piano.
El ambiente apacible de un atardecer de primavera, es quebrado por el llanto de un par de bebes que han nacido hace apenas unos días, todo es calma y felicidad.
(continuará)

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