ANSIEDAD DEL ESPEJO
Se hace inconsistente aquello que pretende con vanas palabras, erigirse como la precisa onomatopeya de esta necesidad: ella se burla de la cordura, de toda razón lógica que argumenta guardar silencio, para soportar, en la austeridad de la intemperie interior, este dolor de mil mordiscos, la infinita saña que desgarra la delgada tela del alma...
Está maldita la conciencia cuando ha sido sacrificado en balde, vida tras vida, en aras de un sentimiento desposeído: no hay respuestas, ni redención; no hay más luz que la de esta profunda lucidez que se guarda, como holocausto, en esta caja de huesos que palpita en el pecho: falta el aire en el espíritu aprisionado.
Falta.
Entonces las manos se hacen sabias de tanto cosechar caricias, la piel es infierno bajo el impacto de unos deseos que revientan en las caderas y la boca desespera horadando, con su humedad, la tesitura amante: no hay culpas ni reproches posibles: hay la ansiedad del espejo...
Conoce más del autor de "ANSIEDAD DEL ESPEJO"