TANATOS
Lo conocí una noche que deambulaba sin razón alguna,
Yo creía ser la cura a todo mal si recitaba,
Aunque en esos tiempos, recitar mis sentimientos
Ya era una completa tortura.
Llevaba mis audífonos como siempre,
Bob Dylan sonaba lentamente, sin embargo, cuando me estaba acercando a un puente a solo tres cuadras de mi casa, el reproductor cambió de canción y ahora sonaba Jimi Hendrix.
Un tipo extraño de negro apareció de la nada y con el nervio en los labios le pregunté quién era, y me respondió: "Soy Tanatos, soy la muerte".
Llevaba lentes oscuros, un sombrero y fumaba un habano. Tenía una voz dulce a pesar de su extraña figura. Luego de vernos fijamente por un rato sin decir absolutamente nada, me dijo: "¿Fumas?". Yo pretendía decirle que no, pero, ¿quién le niega algo a la mismísima muerte?
Y
Cerré los ojos por un momento y ya no estaba él e instantáneamente volvió a sonar Bob Dylan.
Respiré profundo y seguí caminando hasta llegar a casa.
Después de un tiempo lo veía en bares, en cafeterías, debajo de mi cama, en la universidad, en el trabajo, en la calle, en el reflejo del agua y al principio me daba miedo, pero el tiempo pasó y el miedo cesó, ya no tenía temor, ya sabía, ya entendía por qué, la razón.
No es que le tenga miedo a morir, es que le tengo miedo a no realizarme y nunca ser yo, porque la muerte siempre va a estar ahí, dentro de ti, en el aire, en un rincón, uno mismo decide cómo vivir, uno mismo es su propia condena y su propia salvación
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