Soy un hombre viejo.
Pudiera ser un poco exagerado al decir que:"Soy un hombre viejo" y, la verdad es que apenas rondo los cincuenta, no estoy cerca ni lejos, me hallo justo a la mitad, me separa un lustro para llegar al ombligo del siglo; en ese punto de inflexión donde pudiera empezar un nuevo ciclo. Ya no son los treinta, ni hablar de los veinticinco, ya no soy tan débil y tengo experiencia, puedo mostrar con orgullo todas las cicatrices de mi cuerpo, el cerebro está casi intacto, los pulmones estan sanos; arriba de ochenta, las manos aún hábiles, otra vez la experiencia y, los remiendos del alma ahí se quedan. Tal vez la vista es la que un poco falla y aún así estoy mejor que algunos jóvenes, ya pinto canas y también he aumentado una talla a los pantalones; insignificante y hasta aceptable si revisamos la talla de cuando tenía veinte. El espejo me regala una figura quizá un poco más fuerte (no quiero decir robusta) mis manos son ahora más fuertes (un poco más hábiles y, sabias). Ahora bien, ya que me he descrito perfecto, ya que hasta puedo jugar con los conceptos, desechar lo no tan bueno y perdonarme casi todos mis defectos; cuál es el motivo, la excusa o la razón de vivir pendiente:
de tus besos,
de tus sonrisas,
de tus palabras,
de tu llegada,
De saber si te dan ganas...
De que sirve ser casi cincuentón,
De engrosar el alma,
De todo este bastión?
Si, dependo de ti, para gozar mis días, para ser(desde mi concepto) feliz.
(Fragmento de "Amor de un viejo".
Todos los derechos reservados,
Ciudad de México, 1 de agosto de 2021.
Adrián.
Conoce más del autor de "Soy un hombre viejo."