SOLEDAD
Lejana alborada
por aquel camino
se marcho mi amada.
La luna, dormida
fue el único testigo
de su despedida.
Aunque te marchaste, si mi alma te sigue,
es estar unidos en todo momento.
Aun puedo ofrecerte mi amor, mi renuncia
Arquero adorado,
por aquella senda
mi amor se ha marchado.
Me quede sin alma, se marcho con ella.
La sigue en sus pasos, herida de muerte.
Y vivo acechando, oculto en las sombras,
horrible agonía sufriendo al perderte.
Me pierdo en sus ojos
mientras que la llamo
hincando de hinojos,
lleno de humildad,
pido que se apiade
de mi soledad.
No puedo olvidarla, que solo me deja
penando entre llantos, mi alma sin paz,
victima de amores, buscando el olvido
entre mis dolores y mi soledad.
Y la luz incierta
de la Luna, alumbra
mi casa desierta.
Porque en la alborada
por aquel camino
se marcho mi amada.
Madrid 1976
Conoce más del autor de "SOLEDAD"