Sanador
A veces pensamos que podemos curar,
que al dar amor, el alma sanará. Nos empeñamos en cambiar, en arreglar, como si el corazón pudiera forjarse al azar. Pero hay heridas tan profundas, tan calladas,
que ni el mejor de los gestos puede sanar.
El dolor se guarda, se esconde en las sombras, y el que intenta salvar, solo puede tropezar. Quisieras que todo fuera distinto, mejor, crees que un abrazo bastaría para sanar el dolor. Pero, en tu afán de arreglar lo quebrado, olvidas que la gente cambia por su propio lado. Queremos ayudar, sí, pero al final, tal vez lo que buscamos es algo personal: que el otro sea lo que nosotros creemos, y no lo que realmente en su interior vemos. No puedes salvar a quien no pide ser salvado, ni dar lo que nadie ha pedido, ni lo deseado. La transformación es un viaje solitario, y el amor verdadero es acompañar sin ser necesario. Porque solo quien acepta su propia herida, puede sanar por sí mismo, en su propia vida. Y aunque el deseo de ayudar sea sincero, es el alma ajena la que elige el sendero.
A.L
20/12/24
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