No pretendo ser…
Yo no sé si soy poeta,
solo sé que pesa mucho mi maleta.
No pretendo siquiera versar poesía,
simplemente… mi terapia es recitar mi travesía.
Qué fantasía…
creer que, con un poco de apatía,
superaría la agonía.
Descortesía:
una juventud con la ignorancia
de que el tiempo no me pertenecía.
Soy una mujer que no tardó en serlo.
Tuve que proteger mis ambiciones
para no perderlo.
Me culpé de inmadura e insensata,
y me privé…
me volví conmigo ingrata.
Me prohibí soñar con la grandeza.
Me forcé a inclinar la cabeza.
Intenté convencerme
de que el mundo era superficial,
y que yo podía ser
una dócil presa.
Al final, me carcomió mi propia fiereza,
que —a la fuerza—
me hizo renunciar a la riqueza intelectual,
a mi franqueza y certeza.
Subestimando mi pureza,
vendí mi belleza
con poca destreza…
Todo por miedo a mi potencial.
Difícil de explicar.
Tiendo a deambular.
Escribo para escapar
de la eterna crisis existencial
que me dejó ambicionar ser un poco más "normal".
Si mi propio don me ha vuelto loca,
¿puedes imaginar
lo que provoca
a quien me invoca?
Supe que era especial
cuando aquellos que tenían más
sufrían
al verme pasar.
Hasta hoy lo entendí:
escuché las voces imaginarias del mundo…
menos la de mí.
Silencié las posibilidades,
me distraje con banalidades.
Hoy veo falsas luminarias triunfantes,
y yo intento resurgir
con mis nulas posibilidades.
Mi luz es certera.
La década voló.
Cero memorias en mi cartera;
mil deudas ocasionó.
Si no llevas prisa,
te puedo cantar una canción.
Si el reloj suspende su risa,
puedo volver
a recuperar la ilusión.
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