La mirada que no se quiebra

2026 Ene 17
Poema Escrito por
Acuario92

​Dicen que la senda es amarga cuando se camina a solas,
y no mienten.
Pero el peso del mundo no me dobla,
porque el miedo y yo no compartimos la misma sangre.
No nací cobarde;
nací para ser el faro en medio de mi propia tormenta.
​Aunque la noche me encuentre con el rostro empapado,
llorando en ese silencio donde nadie me mira,
el alba me encuentra de pie.
Me seco el rastro de la pena con la misma mano que labra el futuro,

y me levanto, no solo más fuerte, sino entera.
​En mi mesa no hay una voz que comparta la carga,
ni un abrazo que repare mis grietas al llegar la tarde.
El pan lo traigo yo, y conmigo, la paz que se construye a pulso.
Pero en mi pecho laten dos nombres,
dos razones que son mi norte y mi refugio: mis hijos.
​Si la jornada exige el doble, mis brazos se vuelven roble.
Si el camino me obliga a aprender oficios de sombra y de fuego,
lo haré sin que me tiemble el alma.
Porque hemos aprendido que nadie vendrá a rescatarnos,
y que el milagro de este techo y este plato
lleva grabada la huella de mis dedos.
​Los sacaré adelante,
con la espalda hecha de piedras preciosas y cansancio,
con el corazón firme, aunque la mente sea un mar de ruidos.
Tal vez no soy la madre que los libros dibujan,
pero soy la que nunca suelta la mano.
La que no huye.
La raíz que sostiene el árbol cuando el viento ruge afuera.
​Y el día de mañana, cuando miren hacia atrás,
no recordarán el hambre ni el frío.
Dirán con orgullo:
"Mi madre fue el puente que nunca se rompió por nosotros".
Y en ese eco, Isa, encontraré mi descanso.

2026 Ene 17

Acuario92
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