La Conquista
El ardiente crisol de tu mirada
derrite el fierro que me protegía
Y mientras a mis rodillas caía
esta dulce derrota aceptaba
justo castigo por mis errores
Mi mayor pecado: el orgullo
Pensar que era inmune a ti y a lo tuyo
No haber arrancado aquel pequeño capullo
que como por accidente cayó de tus manos
Mi reino era estéril y árido
Gobernaba el vacío
y sobre estos terrenos baldíos
yo tenía todo el control
Hasta la explosión
Tu capullo reventó y aquella detonación
Llenó mi reino de color
Y de hermosa flor, tras hermosa flor, tras hermosa flor
Y en un abrir y cerrar de ojos
Ya era tanto el despojo…
Me obligas a aceptar la superioridad de mi enemigo
Lo fácil que fui invadido
Y que en apenas semanas mi reino estaba perdido
Conquista tan agridulce jamás he conocido
Porque, aunque lloro mis castillos,
Gustosamente caigo rendido
Ansioso tu juicio final esperaba
y me preguntaba
cómo sin esfuerzo guerreabas
Cuando me di cuenta del cruel giro de este guion:
Que me hiere un aguijón
Mucho peor que la conquista de mi corazón
Que guerreabas como por accidente y con desinterés
Porque realmente así fue:
Solo un aleatorio revés
Que tu conquista realmente no fue conquista
Que por mi reino ni siquiera pasaste la vista
Y que cuando yo, vencido, te entregaba mi corazón
Tu seguiste de largo, porque nunca te interesó
Conoce más del autor de "La Conquista"