Humanamente divino
Tú eres la respuesta a las oraciones de mi alma; de aquellas oraciones que no alcanzan a rozar mis labios; aquellas que solo Dios sabiamente descifra en la inmensidad de su morada.
Viniste con la fuerza de una gota tempestiva, tan rodeada de fuerza y bravura, tan impasible y destructora.
Tu cabello derramaba espasmos de oro con una vibración indolora y cubría tu sombra de un amarillo sin igual. Vaya espectáculo para ojos cautivos. Ví la libertad incluso en las nimiedades imperceptibles. Tu presencia volvia toda la existencia en una experiencia escrita por mis más grandes anhelos.
Todo lo bueno que quise está en ti; y como todo lo bueno que quiero está en ti, basta con una mirada para ver emerger mi Bienaventuranza.
He visto a Dios. En la costumbre de mi tristeza se escondía un poder imponente, pidiendo con mesura su liberación. Ella llegó y liberó a Dios. Lo vi emerger cuando la belleza liberó mi condición.
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