Gracias por venir

2014 Mayo 04
Poema Escrito por
Pajarillo

Acaso a punto estaba de morir la semilla de mis ilusiones, cuando apareciste tu; eras la viva imagen de la hermosura, tus bellos ojos irradiaban luz, al tiempo que los míos los buscaban ansiosos, anhelando un encuentro con ellos aunque fuese fugaz.
Tal vez a punto estaba de renunciar el corazón mío, al afán loco de encontrarte algún día, cuando de pronto tu preséncia iluminó aquel páramo solitario reservado a la fabrica de sueños. Allí donde la llama ténue de la vela de mi esperanza amenazaba con extinguirse para siempre, cansada ya de esperarte, hastiada ya de arder en vano.
Quizás a punto estuve de arrojar a la basura mi pluma de aprendíz de poeta, con la que tantas frases y poemas escribí para ti, sentado ante el escritorio de mi juventud, al cual amenazaba el tiempo con destruir poco a poco. Entonces, tan cerca estuve de tomar los pergaminos aquellos donde plasmara mis pensamientos y aprovechar el último fulgor de la vela moribunda que me alumbraba en mis desvelos para calcinar así hasta el último indicio de que alguna vez fui un soñador empedernido.
Cerca estuve de convertir en cenizas todo lo que para ti había creado, pero ahora estabas allí, en la puerta de mi caverna donde tantos sueños construidos por mi alma enternecida por los anhélos esperaban por ti. El ritmo de tus pies era tan perfécto, que mi corazón quiso enseguida ir en pos de ellos, y caminar a su lado para siempre sin separarse nunca de aquella criatura hermosa.
Apareciste de pronto frente a mi, iluminando mi jardín, donde tantas rosas habian muerto ya, exhalando su último aliento perfumado, en la espera de tu llegada.
Pero ya estás aquí, gracias por venir; con tu llegada me has hecho sonreír. Ya estás aquí, culpable-inocente de mis desvelos, en los que taciturno y noctámbulo trataba de evocar tu nombre y la imagen de tu rostro sin obtener ningun resultado.
Pero hoy estás allí, parada frente a mi, y aunque no hayas dicho aún ni una sola palabra, se que nuestras almas conversan entre si con su lenguaje inefable.
No queda más amiga mía, que tomar tu blanca mano que tantas veces busqué en la oscuridad de mis noches sin encontrar, y emprender juntos el camino hacia la montaña del amor desde cuya cima podremos observar maravillados la grandeza de Dios, y permanecer así, sonriendo felices, hasta que el ocaso de nuestros días llegue...
Hasta que el sol de nuestras vidas se haya ocultado allá, en el horizonte del tiempo.

2014 Mayo 04

Pajarillo
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