ENTRAS, PLAÑIDERA
Entras, plañidera, por mi ventana,
con tu brillo suave y sereno
derramándote como un rayo de luz
en esta noche que me parece eterna.
Susurra sus secretos el viento
jugando con las sombras de la noche.
En el firmamento brillan las primeras estrellas.
Yo me dejo arrastrar por su majestuosa danza.
M
de amantes que sueñan en la lejanía,
de anhelos perdidos en hondos abismos,
de corazones sin esperanza.
Su luz, plateada, acaricia mi rostro
inundándome de calma, transportándome
a frondas misteriosas, provocándome
intensos sentimientos.
Una nívea princesa, y sus primorosas doncellas,
me invitan a soñar sin medida,
hacen que mis pensamientos se eleven,
me prestan sus melancólicas alas,
cobijo le dan a mi alma
esos astros que en la oscuridad brillan.
Entras, argentina esfera, por mi ventana
y me llevas a un mundo de poesía
donde las lágrimas en confianza se vuelven
y en dulce melodía se convierte la oscuridad.
En tu silente trayectoria, mi errabunda dama,
despliegas una magia infinita
que me alienta a seguir adelante,
aunque haya de atravesar
hondos valles, nevadas cimas...
Envuelto por tu calma,
absorto por el brillo de tu nocturno traje,
observo que, a cada paso, mis emociones
se acrecientan, parte me siento
de un universo incomparable.
Inocente,
mi corazón se abre a tu encanto.
Me embriago con la pura luz que difundes,
tu fantasmal manto me produce escalofríos...
En tus suspiros encuentro mi refugio,
en tu certera luz descubro mi esencia.
Eres testigo de mis hondos suspiros
y, desde tu noble inconsciencia,
serenamente, me invitas a vivir.
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