El hombre que amaba a sol y sombra

2016 Dic 12
Poema Escrito por
Mayako Hernández

El hombre que amaba a sol y sombra
sentaba al dios de la iglesia en el estrado de los acusados
pero recibía ilusionado la bendición de su madre.

A golpe de escardilla sobre la tierra seca,
hecho de vendaval, lluvia y conuco,
huyó de la voraginosa simetría del petróleo
para ir a la amorosa y comprometida canción por la vida.

El hombre que amaba a sol y sombra

fue hijo de un policía solidario
que hacia juguetes para los presos
y creció en una casa de bajareque
desde donde fue forjando su amoroso cantar.

Tuvo que limpiar botas para sobrevivir,
aguantar atentados y canalladas,
pero con la patria entera embutida en la sangre
quemaba el llanto con el Tin Marín de la candela
y a boca pela' de las piedras
empuñaba la guitarra contra las bestias.

El hombre que amaba a sol y sombra
quería que todos los niños y las niñas
pudieran bajo el mismo cielo,
andar olorosos a caramelos y a mangos dulcitos
sin tener que ser adultos para trabajar.

Su canto se hizo bandera de los estudiantes,
de los campesinos, de los obreros,
del pueblo entero en su hermosa creación diaria,
porque el canto por el amor,
como él decía,
es esencialmente colectivo.

El hombre que amaba a sol y sombra
sólo podía vivir amando,
por eso llegó a adoptar
una flor silvestre nacida en la autopista
que regaba y atendía entre el humo y el asfalto
con la rigurosidad de la ternura,
como quien en medio del odio
es capaz de decir basta y besar,
sin nada a cambio.

¡Amó tanto que se hizo inmortal!

Todos los años la gente se reúne
entre marcha, canciones,
flores rojas y puño en alto,
para recordar, celebrar y homenajear,
al hombre que amaba a sol y sombra.

2016 Dic 12

Mayako Hernández
Desde 2016 Ago 12

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